El sábado como día de creación y liberación

Jesús tiene la habilidad de hacer enemigos en el sábado... ¿Por qué? ¿Por qué se hace tanto hincapié en el séptimo día en los Evangelios?

06 Otro sábado, Jesús entró en la sinagoga y enseñó. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. 07 Los escribas y los fariseos vigilaban a Jesús para ver si hacía alguna curación en sábado, y así tener un motivo para acusarlo. 08 Pero él conocía su razonamiento, y le dijo al hombre de la mano seca: "Levántate y ponte en medio. El hombre se levantó y se puso de pie. 09 Jesús les dijo: "Os pregunto: ¿es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? "10 Luego los miró a todos y le dijo al hombre: "Extiende tu mano. Lo hizo, y su mano volvió a ser normal. 11 Pero se llenaron de ira y discutían entre ellos lo que le harían a Jesús (Lc 6,6-11).

La actitud de los escribas y fariseos puede parecernos muy curiosa. Para nosotros es obvio: el bien de una persona es lo primero, sobre todo antes que una norma religiosa que ya no entendemos muy bien. Pero, al parecer, esto estaba lejos de ser evidente para los que, en la época de Jesús, eran profesionales de la Ley divina. ¿Cuál es, entonces, el significado de la observancia del sábado que estos escribas y fariseos no pudieron entender el gesto de Jesús?


El sábado es, sin duda, el mandamiento más central de la Ley judía. Si repasamos el decálogo en Ex 20 o Deut 5, nos damos cuenta rápidamente de que el mandamiento del sábado es el más desarrollado de todos. Adquiere una importancia particular, porque se refiere a la acción de Dios, ya sea en el momento de la creación en siete días (en el Génesis), o en la liberación de Egipto (en el Éxodo). El hombre debe comportarse como Dios yendo al paro el sábado.


Este día de paro tiene muchas interpretaciones profundas. Una interpretación es que Dios pudo controlar su poder y detenerse en el séptimo día para dar a las personas la oportunidad de ejercer su libertad y continuar la obra de la creación. Dios se detiene y se retira para dar a la humanidad su lugar. Ahora le corresponde cuidar de la creación. Pero las personas, creadas a imagen y semejanza de Dios, también deben ser capaces de controlar su actividad o su activismo y detenerse en el séptimo día, en memoria de su Dios que fue el primero en trabajar. Sin embargo, saber cómo parar suele suponer un mayor esfuerzo que pasar a la acción. Incluso podría ser que no parar sea básicamente una forma de esclavitud: esclavos de nuestra propia actividad o trabajo. Esto se llama activismo. El significado del sábado está, pues, ligado a la idea de liberación: "No volváis a caer en vuestra antigua esclavitud", decía Pablo a los gálatas. Sí, el activismo es la esclavitud. Sí, creerse necesario es una esclavitud. Es posible que el propósito del sábado sea liberarnos de esta tentación.


En cualquier caso, lejos de ser una norma arbitraria, la ley del sábado constituye el corazón de la vida judía al referirse a la creación y a la salida de Egipto. Este sigue siendo el caso de nuestros hermanos judíos hoy en día, e incluso de nosotros en el descanso dominical. Jesús no viene a cambiar esta Ley, al contrario. Pero, con su acción, denuncia sus interpretaciones demasiado rígidas, demasiado legalistas, como atestiguan los Evangelios.


Reflexionemos sobre el gesto de Jesús en este sábado: cura la mano paralizada de un hombre. La mano es precisamente el miembro que simboliza la acción o el hacer. Ahora, este hombre está privado de su mano. Está privado de trabajar, privado de contribuir a la creación, como Dios ha ordenado a los hombres. ¿Qué hace Jesús? Le devuelve a este hombre la capacidad de actuar, de colaborar en la obra de Dios. Cura su mano paralizada. En este sábado, Jesús logra una auténtica liberación: cura al hombre de un mal que le abruma. Con ello, Jesús hace precisamente lo que se recuerda en el sábado: Dios creó a la humanidad para que velara por la creación y Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Jesús recreó a este mismo hombre en su cuerpo curado (creación) y lo liberó del mal que lo aprisionaba (salvación). Con su acción, Jesús aplica verdaderamente el espíritu de la ley del sábado. Desgraciadamente, los escribas y fariseos -que son expertos en la Palabra de Dios- no han podido, evidentemente, salir de su comprensión perfeccionista y estéril de la Ley.


¿Han olvidado que la Ley de Dios es una delicia y no una pesada carga, como nos recuerda el Salmo 118?

07 Con un corazón recto podré darte gracias, instruido en tus justas decisiones. 08 Tus mandamientos guardo: no me abandones del todo. 09 ¿Cómo puedo, siendo joven, mantener puro mi camino? Cumpliendo tu palabra. 10 Con todo mi corazón te busco; evita que huya de tu voluntad. 11 En mi corazón guardo tus promesas, para no fallarte. 12 Bendito seas, Señor: enséñame tus mandamientos. 13 Haré que toda decisión de tu boca pase por mis labios. 14 Encuentro más alegría en el camino de tus exigencias que en todas las riquezas. 15 Quiero meditar en tus preceptos y contemplar tus caminos. 16 Me deleito en tus mandamientos; no olvidaré tu palabra. 17 Sé benévolo con tu siervo, y viviré y cumpliré tu palabra. 18 Abre mis ojos, para que pueda contemplar las maravillas de tu ley. (Salmo 118,7-18)

Emanuelle Pastore

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