Medir el impacto de una parábola

Las parábolas pueden parecernos infantiles: pequeñas historias, más bien ingenuas, en definitiva nada muy sutil... Sin embargo, dejarlo así sería un gran error. Los evangelistas insisten en la preferencia de Jesús por el modo de expresión de la parábola:

"Todo esto lo hablaba Jesús a las multitudes en parábolas, y no les decía nada sin una parábola". (Mt 13:34)

Así que debemos preguntarnos: ¿por qué Jesús hablaba en parábolas? ¿Cuál es la ventaja de hablar en un lenguaje que debe ser interpretado?


Primero, un poco de información sobre la naturaleza de las parábolas. La palabra griega παραβολή conlleva la idea de comparación. Una parábola es una historia corta, sobre la cual, se invita al oyente a hacer una comparación, por ejemplo, "¿Cómo compararemos el Reino de Dios?" (Mc 4,30), pregunta Jesús. Por tanto, una parábola siempre contiene un enigma que hay que descifrar. Dice cosas mientras las oculta. La parábola viene de la palabra hebrea mashal, que significa " proverbio" o "enigma".

El laberinto de la catedral de Chartres, como un enigma por descifrar...


Lo más frecuente es que una parábola se exprese a través de realidades terrenales banales como una comida, el trabajo de un pastor, el cultivo de la vid o del trigo, una boda. Todo el mundo es capaz de captar las imágenes que utiliza, incluso y especialmente las personas sencillas:

Les cuenta otra parábola: "El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y echó en tres medidas de harina, hasta que toda la masa subió." (Mt 13:33)
"El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo, que un hombre encuentra y esconde, y va y vende todo lo que tiene y compra el campo. (Mt 13:44)

¿De dónde vienen las parábolas?


El Antiguo Testamento conoce las parábolas, siendo la más conocida la que el profeta Natán dirigió al rey David para hacerle consciente de su pecado:

1El Señor envió a Natán a ver a David y, llegado a su presencia, le dijo:«Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre.2El rico tenía muchas ovejas y vacas.3El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una hija.4Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa».5La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán: «Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. 6Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión». 7Entonces Natán dijo a David: "Tú eres ese hombre." (2 Sam 12,1-7)

Sí, el propósito de toda parábola es atraer al oyente, llevarle a identificarse con lo que se cuenta: "Este hombre eres tú", dice Natán. Esta es quizá la clave de por qué Jesús hablaba en parábolas.


Natán reprochando a David y a Betsabé la muerte de Urías, parábola del rico y del pobre.

Salterio de Carlos el Calvo, siglo IX. Foto: BnF


La función pedagógica de las parábolas


Una parábola, a través de las imágenes y comparaciones que utiliza, tiene la cualidad de abrir y cerrar, de iluminar y ocultar. En primer lugar, requiere una buena disposición por parte del lector/oyente, que se refleja en la calidad de la escucha. "Oiga, el que tenga oídos", repite Jesús. ¿No es éste el mensaje de la parábola más famosa, la del sembrador? Este sembrador siembra una palabra, es decir, una palabra para ser escuchada, una palabra que germinará en la tierra y dará fruto. Hay una gran diferencia entre "oír" y "escuchar". En el primer caso, las palabras entran por un oído y salen por el otro. En el segundo caso, la palabra toma forma, se encarna. Básicamente, el reto de la escucha es hacer la voluntad de Dios:

"No es diciéndome: Señor, Señor, que uno entrará en el Reino de los Cielos, sino haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (...) Así que quien oiga estas palabras mías y las ponga en práctica puede compararse con un hombre sabio que construyó su casa sobre la roca. (Mt 7:21,24)

En segundo lugar, la parábola requiere un esfuerzo por parte del lector u oyente. Al buscar la enseñanza de la parábola, se invita a hacer una comparación con el propio caso y a cuestionarse a sí mismo. La parábola es, pues, un género pedagógico muy eficaz. Si incluye varios personajes o situaciones, obliga al oyente a identificarse con uno de ellos y sugiere siempre un cambio de actitud. De hecho, la parábola es un género literario que permite al oyente/lector entrar en la historia que se cuenta. Las parábolas tienen el poder de involucrar a su destinatario, sin imponer una lección moralizante.


En otras palabras, las parábolas tienen el poder de movilizar la libertad del receptor: dan suficiente luz para los que quieren ver y suficiente oscuridad para los que no quieren ver, por utilizar una expresión de Blaise Pascal.


Bajo la apariencia de una gran simplicidad, las parábolas tienen realmente la capacidad de llegar al corazón de las personas. Por eso las parábolas son tan poderosas. Sin atacar de frente al malvado o al pecador, tienen el poder de hacerle tomar conciencia de su ceguera. Las parábolas contienen en sí mismas un gran poder de conversión y transformación.


¿Es Jesús una parábola viviente?


A menudo los profetas hablaban en parábolas, a veces acompañadas de signos simbólicos, incluso comprometiendo toda su vida. Por ejemplo:

  • Dios le pide a Jeremías que renuncie a su matrimonio como señal de la llegada del exilio.

  • A Oseas se le dice que tome a una prostituta como esposa, como signo visible del amor de Dios por Israel, a pesar de su infidelidad.

Se puede decir que los profetas se convirtieron en "parábolas vivas". La palabra que proclamaban de Dios iba acompañada de signos visibles. Esta idea puede aplicarse a Jesús:

"Jesús es una parábola y cuenta parábolas. Sólo las parábolas pueden interpretar una parábola. (E. Schillebeeckx)[1]

A través de las parábolas que cuenta, Jesús se revela como una parábola. También él se refiere a algo distinto de sí mismo. Jesús se refiere a su Padre. Todo lo que dijo y todo lo que hizo expresa lo que el Padre quiere revelarnos. Como una parábola que dice algo que apunta a algo que no se ve inmediatamente, así Jesús es la imagen viva y perfecta del Padre. A través de las parábolas que cuenta, se revela como la parábola perfecta de Dios. "Nadie ha visto a Dios, sino que su hijo único nos lo ha dado a conocer", dice San Juan (Jn 1,18).

Emanuelle Pastore

NOTES

[1] Edward Schillebeeckx, nacido el 12 de noviembre de 1914 en Amberes, Bélgica, y fallecido el 23 de diciembre de 2009 en Nimega, Países Bajos, fue un sacerdote dominico belga y teólogo católico. Desempeñó un influyente papel como "experto" durante el Concilio Vaticano II y fue uno de los cofundadores de la revista Concilium, lanzada para continuar la reflexión teológica iniciada en el Concilio.


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