La Nigromante de Ein-Dor y el más allá (Parte 1)

La Biblia contiene a veces tesoros o rarezas. La historia de la nigromante de Ein-dor es una de ellas. Este pasaje del capítulo 28 del Primer Libro de Samuel nos lleva a una escena que El Señor de los Anillos y otras obras fantásticas no negarían.


I LA HISTORIA


En resumen, el rey Saúl ha prohibido firmemente todas las actividades ocultas en el versículo 3 del capítulo, lo cual está en consonancia con la Torá (Dt 18:10-11; 15). La necromancia, la consulta a los muertos, se castiga con la muerte.


Sin embargo, Saúl se encuentra en una situación muy mala: fue maldecido por el profeta Samuel en el capítulo 15 y no volvió a verlo hasta la muerte de éste. Está en guerra con los filisteos y la batalla prevista para el día siguiente tiene muy mala pinta. Rechazado por el Señor, que ya ha designado a David como próximo rey, Saúl no recibe más profecías. Decide romper su propia ley consultando a una nigromante.


Todo en el episodio está marcado por lo extraño: es de noche, Saúl se disfraza, sortea las líneas enemigas, oculta su identidad al nigromante. Eïn-Dor significa "fuente de generaciones", un nombre evocador donde los haya. La atmósfera fantástica se acentúa cuando, a petición del soberano, el nigromante trae a Samuel del Reino de las Sombras. Ella lo describe como si llevara una capa. Y lo que Saúl escucha del fantasma de Samuel es aterrador. "Hoy estarás conmigo" (versículo 19).

W. Blake, Saul, La sombra de Samuel y la nigromante, ca. 1800. Foto: Wikipedia


Esto es lo que ocurriría al día siguiente en la batalla: el rey y su hijo Jonatán morirían en una terrible derrota. Como en la tradición judía el día comenzaba la víspera, la sombra de Samuel no era exagerada. Por el momento, al oír esto, Saúl se horroriza. La nigromante debe entonces improvisar una comida para él matando y cocinando un ternero, para que recupere sus fuerzas, antes de que parta de nuevo en la noche hacia su desastroso destino.


Este breve e insólito episodio nos dice, sin embargo, mucho: resucitar a los muertos es una forma de atestiguar que hay vida después de la muerte, y el texto nos permite deducir una información muy importante para la fe cristiana en los "últimos confines". También nos presenta una figura femenina de interés. Por último, nos muestra que el cuidado de los muertos y el cuidado de los vivos son dos registros del mismo servicio a la vida.


II LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE


Lo que hace famosa a la nigromante, su saber hacer específico, es su capacidad de relacionarse con los muertos. El texto no es muy claro: aparentemente ella ve una sombra -o sombras, dependiendo de si se entiende el término elohim que utiliza para describir a Samuel como singular, como cuando la Biblia llama al único Dios Elohim, o como plural, como parece implicar la palabra- pero no necesariamente los oye. El "cliente" que acude a consultarla puede hablar con el fantasma. En definitiva, ve a Samuel, quizás no solo, viniendo de ultratumba. Los exegetas discuten si esto es realmente Samuel, o una ilusión, o una charlatanería de esta mujer, o un demonio disfrazado. Pero, en nuestra opinión, si no es Samuel quien viene, el texto pierde su fuerza y se aplana en su significado teológico.


Su principal interés es que la sombra de Samuel es consciente, está en diálogo inteligible con Saúl. Y es consciente de sí mismo: Samuel recuerda bien su conflicto con el rey en el capítulo 15 y renueva sus maldiciones. No ha cambiado de opinión ni ha perdido la memoria. El texto nos muestra a un Samuel en posesión de algunos medios, hablando con autoridad. Saúl le cree, por decir algo, ya que cae al suelo al oír la confirmación de su derrota y su muerte, y la de su casa, en pocas horas. Lo que dice el espectro ocurrirá efectivamente.

N. Ge, La nigromante de Ein Dor, 1857. Foto: Wikipedia


Un detalle muy sugerente es que el gobernante, al no ver al fantasma, pide a la nigromante que lo describa. Ella responde que tiene "un manto" (v.14) y esto es la confirmación para Saúl de que es realmente el profeta quien está presente. Porque se habla mucho de un manto sobre Samuel. Aun siendo un niño pequeño confiado al templo de Silo, su madre le hizo un pequeño manto (1 Sam 2:19); Saúl intenta retenerlo con un trozo de su manto (1 Sam 15:27) cuando se separan.


Podemos deducir varias lecciones de esto: después de la muerte, algo de la persona permanece. Este "algo" es consciente, autoconsciente, con una identidad permanente. El fallecido conserva sus facultades intelectuales y su memoria, e incluso puede tener cierta autoridad. Por último, puede reconocerse por un detalle físico: el abrigo para Samuel. Esto es una prueba de que no es totalmente inmaterial.


Estos elementos abogan por una vida después de la muerte, en la que se mantiene la identidad de la persona, lo que va en contra de las teorías de la metempsicosis o la reencarnación. Queda una forma de vida eterna.


¿Podemos ir más allá? El profeta le dijo a Saúl: "Hoy estarás conmigo". Esto es, palabra por palabra, lo que Cristo dijo en la cruz al Buen Ladrón (Lc 23,43). Jesús habla del Paraíso y no se trata del Paraíso en la noche de Ein Dor. Pero el paralelismo es sorprendente.


En ambos casos, las personas no resucitan: ni Samuel, ni Cristo, ya que éste no resucita hasta el domingo siguiente. Pero el dogma católico de la inmortalidad del alma, o al menos de "algo" de la persona, queda así ilustrado.

D. Martynov, La sombra de Samuel invocada por Saúl, 1857. Foto: Wikipedia


Por supuesto, todavía no se puede hablar de resurrección. Pero el espectro se reconoce por un detalle físico, su capa. Al igual que Jesús es reconocido por los discípulos en el camino de Emaús por un detalle físico, la fracción del pan (Lc 24,18-35). Lo físico juega un papel después de la muerte. Este episodio del nigromante nos prepara, finalmente, para el anuncio de la resurrección corporal. Para entenderlo, veremos el papel del cuerpo y la relación con el cuerpo que sugiere el pasaje. Pero antes, diremos unas palabras sobre lo que aprendemos del nigromante... (en la segunda parte)

Christel Koehler

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